sábado, 14 de octubre de 2017

14/10 /2017

Habíamos sacado pasajes de `primera para viajar cómodos y cuando entramos nos lo pidieron, cuando salio el buque, que por suerte era el rápido a Montevideo, Carlos quiso ir a la confitería a tomar algo, y así lo hicimos, pero cuando quisimos volver a nuestros asientos de primera toda la segunda estaba allí ,y cuando le protestamos a la azafata nos dijo que no podía hacer nada, si podía, si quería podía pedir los pasajes, tal ves muchos eran los que sacaron de primera y al saber como se manejaba el personal del barco no se movían final terminamos sentados en la confitería hasta que llegamos.
Una ves en Montevideo y en el coche, ya Laura sentada en su sillita de bebe,al ser menudita y la silla grande me duro mucho, comenzó la odisea para llegar a la costa.El trafico era tan loco como aquí, estábamos en el centro de Montevideo, preguntamos a uno y la explicación no la entendimos ninguno de los dos,así que preguntamos a otro y no dijo que lo sigamos que el iba para ali, en un abrir y cerrar de ojos desapareció de nuestra vista,en ese momento y con toda mi tensión a flor de piel,me baje frente a una agencia de cambio y le dije al señor que estaba allí:-dígame un camino siempre derecho para llegar a la costa-El hombre se puso a reír,pero me indico la calle por la que debía seguir y derecho nos encontramos con la costa, y de allí todo era seguir bordeándola,y llegamos a Atlàntida, un pueblo pintoresco. Cuando llegamos Carlos temblaba como una hoja al viento, yo ya estaba tranquila, y cuando lo vi le pregunte si quería un Valiun y me dijo que si, después nos dispusimos a buscar un lugar para alojarnos, no pudimos encontrar nada que no tuviera escaleras y para colmo la playa estaba bordeada por barrancas bastante altas,antes de angustiarnos mas, le propuse pasar la noche en un hotel, descansar, y al día siguiente ir a Piriapolis.
Nos hospedamos, le compre un yogur a Laura que me hacia lo de siempre, no comía al cambiar de ambiente, un poco de yogur y no quiso mas, pensamos que estaba cansada, descansamos, y por la noche luego de una nueva negativa de Laura, salimos y comimos nosotros, que veníamos de estar sin comer,solo el café de la confitería del barco,y pasemos, el pueblito estaba muy lindo, con muchas ferias, hicimos compras y Carlos ya se quería quedar, pero lo convencí de irnos, ya que no conseguíamos vivienda y la playa no era para nosotros.Dormimos bien los tres y a la mañana siguiente fuimos a Piriàpolis y nuevamente comenzamos a buscar donde alojarnos y conseguimos un departamento de dos ambientes,alejado del centro, pero en un lugar muy lindo,con calles de tierra y muchos arboles y casas entre ellos, a veces nos íbamos a pasear con Laura solas por ese lugar.Tuvimos que comprar sabanas, pero eso no importaba, estábamos cómodos. Laura,mientras no comía, llego un punto en que le dije a mi marido que si no comenzaba a comer nos íbamos, pero empezó a comer,primero dulce de membrillo con queso blanco y luego también la comida que yo le preparaba. Íbamos a la playa en coche ya que donde estábamos también había barrancas, no así en el pueblo. Laura se adapto,se quedaba bien en la playa e incluso a veces en el mar, eso nos relajo bastante y nos permitio disfrutar esas vacaciones, pero allí como en Mar del Plata el clima no es de lo mejor y nos toco una semana buena y una fría o nublada, alternado los días,a veces dos con sol y uno nublado, tres con frio y uno con calor, etc. Por la noche, luego de que Laura cenara íbamos a cenar al centro con el coche y los días sin playa paseábamos. Un día fuimos a Punta del Este a confirmar los pasajes, pero solo estuvimos un poco en el centro, fuimos a ver la punta y volvimos, ya que yo no me sentía bien, todo el camino es una llanura ondeada,es decir con pequeños montículos y pensé que todo era igual, por lo que decidimos un dia hacer un paseo en un monte cercano a Piriapolis, al principio era igual que cuando fuimos a Punta, pero luego se hace de cornisa con un precipicio abajo que tal ves no sea muy alto pero a mi me parecía la cordillera de los Andes,estaba muy asustada y no quería ir por el borde,por lo que Carlos me gritaba que estaba yendo de contramano, cuando llegamos la que necesitaba el Vaslium era yo, estaba muy excitada y nerviosa por lo que no pude apreciar nada de lo que se veia desde alli, nos sentamos a tomar algo y a tranquilizarme ,para volver,pero la vuelta fue mas tranquila ya que no estaba del lado de la cornisa, nunca mas quise subir una montaña

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